El frío podría rondar con facilidad los 0 grados en la calle, en el cuarto no se estaba mucho mejor, uno lo notaba como un ser vivo que se colaba por cualquier ranura, por todos los rincones, como una víbora buscando el calor del excursionista.
Asomando los ojos por encima de las sábanas como un cocodrilo, miró el despertador.

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Parecía un salmo. Se volvió a un lado y a otro haciéndose un ovillo con las mantas, como una crisálida, aunque cuando esta se abriera no saldría una linda mariposa. En dos días debería dejar el apartamento, luego podía buscar otra cosa, llamar a un par de amigos que lo acogieran o simplemente cortarse las venas, pero el suicidio era algo muy dramático y sucio, las novelas lo habían idealizado, las cartas de amor lo había idealizado, pero internet por fin lo había colocado en su sitio. Una persona muerta era una persona muerta, en el funeral seguro que algunos no podían evitar pensar en las cosas prestadas que no iban a poder ser devueltas.

-Mi más sentido pésame, era un hombre excelente, magnífico, casi tanto como aquella chaqueta que le presté, no la recuerda, de raya diplomática, carísima, tal vez podría pasarme mañana a recogerla, ¿no?

Si, era complicado recuperar esas cosas, un momento viene y luego desaparece, intentamos atraparlo pero nada, supongo que para eso se inventó la escritura, el cine, las fotos, los tatuajes, para detener el tiempo.
Y lo único que teníamos muchas veces era tiempo, demasiado que gastar, que quemar todos los días, una hoguera enorme donde cabían todos los árboles del mundo, y de repente uno gritaba: "se me acaba el tiempo" pero era mentira, siempre se colocaban más minutos, uno detrás de otro como un pelotón de fusilamiento, dispuestos a mandarnos a la mierda si no éramos listos. Y en ese último instante todo era tan jodidamente rápido o había perdido tanto sentido que nos daba igual que se agotara.

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Se colocó de lado, así notaba como sus piernas chocaban, era como si su cuerpo se abrazara a sí mismo, notaba algo más de calor, pero algo más aún no era suficiente. Tanto frío y nada de nieve, eso sería demasiado hermoso, todo el mundo sonreía cuando caía la nieve, bueno, excepto los que quedaban atrapados en sus coches o en las montañas, a esos la nieve les arruinaba el día.
En la calle un perro ladró, sus ladridos eran incómodas notas de realidad que se colaban por las maltrechas ventanas, a lo lejos otro perro contestó. En la noche todas las cosas cambiaban, se les metía la oscuridad dentro y adquirían tintes mágicos y espectrales.
Los ladridos se alejaban, ojalá fuera el sueño que llegaba asfixiando todo lo existente, pero simplemente el perro avanzaba por la noche helada. ¿Dónde se escondían los seres abandonados? ¿dónde estaban durante el día?

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Iba a ser otra noche larga de insomnio.