• Ah,maldita sea me duele, joder, me duele de la ostia.

  • Tranquilo chico. Hacemos lo que podemos.

  • Joder, PERO HAGAN MÁS.

  • Hemos intentado sacarlo pero...

  • ¿Qué?

  • Está atascado.

  • Pues desatásquenlo.

  • Chico, tienes que explicarme bien qué pasó. No puedo ponerme a trastear ahí como si nada.

  • Ya se lo he dicho, estaba en casa con mi amigo, fui a ducharme y al sentarme en la banqueta del cuarto baño, ¡ocurrió!

    El doctor miró a la cara de aquel jovencito de apenas 17 años recostado sobre la camilla y no pudo reprimir una mueca de escepticismo. El muchacho que había llevado a su amigo a urgencias tenía cara de aburrimiento, tenía un rostro entre delicado y bárbaro, no pasaría de los 25 seguramente. Apoyado contra la pared de la consulta miraba las postales de paisajes que había pegadas por la habitación en un intento de hacerla confortable y propia, claro está, no lo conseguía.

  • Ya vale- dijo el muchacho, que contaba con más años,cansado de mirar aquellas fotos de playas y palmeras tan irreales- Dejadme a mí, aquí parece que nadie tiene prisa- el muchacho se quitó el abrigo dejándolo sobre la silla como un pájaro muerto, desabrochó los botones de uno de los puños de la camisa y comenzó a subir la manga, doblándola cuidadosamente. Un curioso tatuaje fue haciendo aparición como un poema que fuera leído lentamente. El médico al principio no comprendió del todo lo que veía, creyó que sería algún tipo de símbolo tribal o acaso una serpiente muy geometrizada. Desde la mano hasta el codo tenía marcas señalando los centímetros recorridos por una delgada linea roja que le llegaba hasta el codo donde acababa en un círculo rojo.

  • Eh, no creo que eso sea...adecuado...eso...eso podría empeorar la situación que ya es de por si....errr- una mujer entró oportunamente en la consulta, las enfermeras guapas sólo existían en las películas porno, y a veces, ni ahí.

  • Aquí tienes las pruebas, han tardado algo pero ya sabes como estamos los sábados- la mujer dejó la carpeta y se marchó, antes de volver al coro de lamentos y quejas que le esperaban en ese turno de noche que nadie quería echó una última mirada a aquella extraña escena:.un muchacho inclinado sobre otro que estaba en la camilla, con el brazo bien cerca de su ano mientras el médico parecía no ser capaz de hilar más de dos palabras coherentes. "Seguro que otra vez está borracho" pensó ella. Tres pares y medio de ojos siguieron su marcha.

  • Vaya, parece que la cuestión se complica- dijo el médico sosteniendo la ecografía en alto.

  • ¿Qué quiere decir que se complica? no me joda, ya estoy bastante jodido.

  • ¿Qué ocurre?

  • Parece que el objeto se está adentrando demasiado, si llega a esta zona, ¿ven?- señaló uno de los posters anatómicos de la pared con una de sus uñas manchadas de nicotina- las arrugas naturales del colón comenzarían a ser presionadas por el objeto volviéndolas planas, y bueno, digamos que eso no es muy bueno. Así que...

  • ¿Qué?

  • Habría que intervenir, es decir, operar.

  • Joder.

  • Mierda, la noche está saliendo a pedir de boca.

  • Bueno, al ser usted menor de edad será necesario que sus padres autoricen la intervención.

  • Oh,no, no no no, eso si que no.

  • Pero tranquilo, en cuanto fue ingresado se les llamó desde la centralita. Es el protocolo establecido en estos casos si hay un menor de por medio. No creo que tarden mucho en llegar, así que no hay de que...

  • Eh, tío, yo creo que mejor me voy a mi casa.

  • Una mierda, cabrón. Tú te quedas aquí.

  • Tranquilos, por favor, permanezcamos en...errr...calma- en ese momento echó de menos su preciosa petaca color plata, rellena a reventar como una abeja trabajadora de aquel dorado, cálido, delicioso brebaje. Pero había hecho una promesa en un momento de ira y ahora tenía que apechugar.- la cosa es bastante más fácil de lo que parece, no creo que sea necesario...-unos golpes secos dieron en la puerta- ¿si? pase.

    Una pareja de mediana edad apareció en el umbral, parecían recién levantados y seguramente así fuera. El hombre llevaba un calcetín de cada color y en su cara se adivinaban aún marcas de la almohada, ella en cambio estaba totalmente arreglada de pies a cabeza e incluso llevaba un poco de maquillaje.

  • Ay, cariño¿estás bien, qué pasó,te duele, no estarás borracho? Doctor, ¿qué le pasa a mi niño, es grave, hay que operarlo? mírelo parece que sufre ¿es qué nadie hará nada?

  • Señora...er...señor...parece que la intervención quirúrgica será...

  • ¿Y tú quién eres?- dijo el padre mascando las palabras como si fueran pedazos de roca.

  • Soy un amigo de su hijo, fui yo el que lo traje.

  • ¿Os estabais drogando,verdad?

  • Oh, mierda, papá.

  • Mi niño está sufriendo, pobrecito mío.

  • Tranquilos, tranquilos..

    Nuevamente sonaron golpes llamando. Un hombre con el pelo casi tan blanco como la bata que llevaba cruzó la puerta.

  • Hola a todos. tengan muy buenas noches. Doctor. Salgado parece que tiene aquí un caso complicado según la información que la enfermera adjunta me ha facilitado, por tanto he decidido venir a prestarle mi ayuda- apretó un par de manos, miró sesudamente las pruebas y llevando a su compañero a un rincón de la habitación, dijo- Cabrón, te tengo dicho que me llames con estas cosas. Aquí todos tenemos derecho a reírnos un rato.

  • Menos mal que viniste, llevo un rato intentando sacarle lo que cojones sea que tiene ese chaval en el culo, pero no puedo, no tengo pulso, se me van los instrumentos.

  • ¿Y eso, estás sobrio?

  • Si, y ya sabes que así no soy capaz de hacer nada a derechas.

  • Mira que te digo que no le hagas caso a tu mujer. Pero tranquilo, ya me hago yo cargo.

  • Perfecto.

    Con los gestos estudiados como un arengador nazi, caminó hasta el centro de la habitación, la cabeza gacha, el gesto preocupado y las manos enlazadas a la espalda. Súbitamente miró al techo como si escuchara un mandato sagrado:

  • Nos hayamos ante un desafío médico que profesionales menos arrojados declinarían aceptar, pero tienen la suerte de que ellos no están aquí. Parece, señores y señora, que realizaremos un último intento en aras de agotar todas las posibilidades previas a una intervención, que estoy seguro ninguno deseamos realizar a no ser en caso de extrema necesidad.- un médico seguro de si mismo y con un vocabulario aplastante era lo más cercano a un dios que caminaba por la tierra.- Así que si me permiten y son tan amables de dejarme un espacio para trabajar...

  • Claro claro...que hombre tan profesional, ¿verdad, cariño?- su marido no respondió, no quitaba ojo al muchacho de cejas retocadas que parecía azorarse a cada minuto que pasaba y que a él le parecía la estampa del típico bolchevique. Su hijo no se quejaba, no opinaba, parecía que se había abandonado a las manos del destino, resignado como una virgen en el altar de sacrificio.

  • Salgado si eres tan amable de alcanzarme el...

  • Si...

  • Y...

  • Claro...

  • Gasas...

  • Auchhh...

  • Tranquilo, joven, parece que este percance está a punto de convertirse en un simple recuerdo.

  • Ay, mi niño como sufre.

  • Auchhh....ayyy...

  • Eso te pasa por estar drogándote con tus amigos hippyss, como si la vida fuera nada más que beber litronas mientras el país se derrumba.

  • Si, parece que ahí está casi casi casi....

  • Ay, ay, arghhh, ¡¡joderrrrr!!...

  • ¿Lo tienes?

  • ¡Aquí está!.

Los dos compañeros de trabajo se miraron con una carcajada asomando a los ojos. Un pesado silencio había caído en la sala como una lluvia de plomo. Pese a los restos de sangre podía distinguirse perfectamente un pepino excesivo tallado de forma virtuosa como si fuera una poya. Los padres no podrían quejarse, al fin y al cabo, no había drogas por ninguna parte.