- Matt, fue horrible, creí que aquel cabrón me iba a partir por la mitad- ella le hablaba tumbada sobre la cama, con los tacones negros aún puestos- jamás había visto una cosa semejante, tan grande, tan monstruosa, parecía un bicho salido de una película de serie B- la voz le salía pastosa, como si masticara un paquete entero de chicles- y todo en aquel coche de pacotilla, esperaba algo más, el tío parecía de los que tienen una bonita casa con piscina y todo eso pero...
- Cariño, por favor, no me cuentes eso.
- Lo siento, Matt, oh, lo siento, estoy muy borracha no debería...lo siento, mi amor.
-Tranquila, acuestate- le quita los zapatos, ella se porta como un niño al que le van a poner el pijama.
-Eres un cielo, Matt, el mejor.
- Vamos, Mess, sube los brazos y deja que te quite esto- el observa el delicado vestido color burdeos, se lo regaló en su tercer aniversario junto con unos zapatos a juego y un libro de poemas que a ella le gustó muchísimo. Odia que se ponga este vestido cuando sale, es algo de ellos dos, algo especial. Pero sabe que no vale la pena discutir.
- Cariño,estoy muy cansada, creo que voy a...- lanza una serie de suspiros con los ojos cerrados. Así dormida, es tan hermosa, tan inocente. La piel le brilla como a una virgen renacentista. Tiene las manos pequeñas y suaves cruzadas sobre el pecho, que se alza pausadamente. Nunca ha necesitado maquillarse, tiene los rasgos suaves, casi infantiles. Le besa la frente y antes de salir del cuarto, observa ese cuerpo menudo abandonado al sueño. Apaga la luz.

En la tele del salón un tipo sin afeitar está fumando mientras vigila por la ventana, tiene un rifle cerca. Una mujer detrás de él parece pedirle algo. El tipo ni la mira, está concentrado en algo que hay fuera. La chica tiene un cuerpo tremendo, voluptuoso, excesivo, largos cabellos rubios se les desparraman por los hombros y el escote como si alguien hubiera volcado un cubo de oro líquido sobre su cabeza.
Matt se sienta y sube el volumen, no mucho, no quiere despertarla. El tipo tiene una voz profunda, está diciéndole algo sobre que hay cosas más importantes en la vida que el amor o el dinero. Ella llora, él no se inmuta, es un tío duro. Matt coge el refresco que dejó sobre la mesa cuando ella entró, o mejor dicho, cuando ella intentaba abrir la puerta con la llave del revés. Sobre la mesa hay varias fotos, una de su madre, otra de un sobrino de ella, y la que más le gusta, los dos el día que se casaron, perfectos, radiantes, con unas sonrisas eternas. Luego recuerda cuando ella se fue en mitad de la cena y se tiró a uno de sus amigos en los lavabos. No era la primera vez, y no sería la última, eso seguro. No fue hasta mucho después cuando ella le pidió, entre llantos desesperados, que necesitaba ayuda después de que dos tipos bastante desagradables se la tiraran en una parada de autobús mientras un grupo de escolares esperaban el suyo. "Ninfomanía" o "adicción al sexo" les dijo la psiquiatra, que tal vez podría estar unido a un posible trastorno bipolar. Un problema psicológico, al menos no era simplemente una puta que disfrutaba rompiéndole el corazón. De todos modos, él la amaba, ningún termino médico alteraba nada, ningún asqueroso aprovechado podía cambiar eso, ni siquiera ella podía evitarlo, aunque le repudiara y abandonara él estaba seguro de que era la mujer de su vida, la única importante.

El tipo de la película coge el rifle y le da un largo beso a la mujer. Ella le coge de la manga pero se zafa y se da la vuelta. Antes de abrir la puerta da una profunda calada al cigarro y carga el arma.

Una vez tuvo que coger el coche y conducir a toda mecha para recogerla de una fiesta que se había torcido. Él creía que ella estaba con unas amigas cenando, y bueno, no era del todo mentira, estaba con una amiga ( la que le llamó) pero la cena era un tipo negro, productor de teatro al parecer, que las había llevado a una fiesta particular en su casa, un sitio lujoso en la zona rica de las colinas. Era uno de esos cabrones que han nacido sin un céntimo y una vez tienen una pequeña fortuna quieren vengarse del mundo por su anterior desgracia. Así que entró como un marido de comedieta, buscándola por toda la casa. La mitad de la gente estaba tan drogada o borracha que no podían ni responderle. Al final, la encontró en la piscina, había varios tipos que se la estaban tirando por turnos, a veces el anfitrión se acercaba a ella, la abofeteaba, le escupía en la cara y le mantenía la cabeza un rato bajo el agua, para que se limpiara un poco decía mientras soltaba una risotada algo afeminada.
El tipo se hundió como un piedra cuando Matt le partió en la cabeza una costosa botella de champán. El resto no supieron que hacer, incluso algunos se rieron, al parecer no había persona en 100 kms a la redonda que no estuviera hasta las cejas de sustancias. Finalmente alguien sacó al tipo del fondo y lo reanimó, cuando abrió los ojos preguntó por su madre y se echó a llorar mientras le temblaba su rebosante cuerpo sobrealimentado.
En el camino de vuelta tuvo por primera plena consciencia de la situación de Mess, fue plenamente consciente de lo que sentía aquel ser hermoso pero abandonado a un hado fatal. Superada en todo momento por una necesidad que la hacía arrastrarse, humillarse, dejando un pedacito de sí misma en cada encuentro, en cada visita al sex shop, en cada llamada a líneas eróticas. Hasta el momento había soportado cada desliz con mayor o menor dignidad, pero fue en aquel viaje en coche, en el silencio de la autopista, cuando el verdadero amor le llenó la cabeza. Comprendió la diferencia entre deseo y necesidad, y cuando la miró con el pelo humedo caído sobre la cara mientras sus finos labios dejaban escapar suspiros de alivio no pude más que sentir un gran alivio. Era extraño, todos aquellos hombres no eran más que cuerpos, como una sección de maniquíes dispuestos para la ocasión, ellos no sabían que helado le gustaba más, ni como se echaba la siesta después de ver una serie en la televisión, ellos no sabían nada, únicamente follaban, habían perdido la capacidad de hacer el amor. Aquel espectáculo horrible era totalmente diferente de lo que él pensaba cada noche que había sospechado, realmente ella necesitaba hacerlo, no era una elección. Al principio seguramente ella disfrutaría, encontraría algún tipo amable que la tratara bien, pero cuando quiers hacerlo a todas horas, en todo momento, pues poco a poco vas echando mano de lo que hay, y los que están dispuestos a todo son cada vez más egoistas, más inhumanos.

Nosotros dos hacemos el amor. Nadie podía cambiar eso.

Mañana, todo sería diferente, se darían una ducha juntos y luego ella prepararía un buen desayuno. Si no hacía buen tiempo, como al parecer había anunciado el parte metereológico, saldrían a pasear por la zona del puerto. Tal vez incluso comieran en uno de esos soleados y apacibles lugares de bocadillos. O bien podían llevarlos ellos y, sentados sobre la suave arena, disfrutarlos mientras hablaban de sus cosas, de sus películas por ver, de los libros leídos, de las anécdotas pasadas. Ella no diría nada sobre la noche anterior, él tampoco, cuando se ama de verdad decir lo siento no es necesario.

Pronto volverían al terapeuta, parecía que ella poco a poco empezaba a comprender también. “Todo tiene solución” dicen, pero a veces no importa demasiado porque uno puede ser feliz si se siente vivo y amado.

En la televisión, el tipo salió a un patio oscuro y alzó el rifle, sonaron varios tiros y su camisa se llenó de sangre artificial, con exageradas muecas de dolor cayó lentamente al suelo. La muchacha rubia salió de la casa y abrazó el cadaver cubriéndolo de besos. Ella le dijo: “Te quiero”, él dijo: “Lo sé,nena” y murió.

Los tíos duros son idiotas.