-No queda nada de dinero.
-Pues tenemos un problema.
-Marten dijo que hoy.
-Nunca pensé que hoy llegaría exactamente hoy.
-Si, demasiado rápìdo.
Por la pequeña avenida apenas circulaba tráfico, de vez en cuando algúna vieja marchita dejaba sus breves huellas marcadas en el asfalto.
-¿Tienes cigarrillos?
-Puede que si, espera- rebuscó en su gastada chaqueta de cuero. Sacó dos, miró dentro del paquete, lo estrujó y lo tiró al suelo.
-Tal vez deberíamos buscarnos un trabajo, un trabajo de verdad.
-Puede ser. Dame fuego.
-Ya sabes, levantarse todos los días sin resaca, madrugar como gente de provecho, 7 u 8 horas de trabajo digno, compañeros con chaquetas grises, a final de mes un bonito cheque con unos cuantos números, incluso puede que luego consiguieramos una mujer con el pelo bien cepillado y el culo grande que preparé bizcochos y a la entrada de nuestro bonito apartamento nos pregunte: “¿Fue bien el día,amor mío?
-¿Niños?
-Tal vez uno o dos, Bobby y Max.
-¿Perro?
-Claro, Bobby o Max.
-Ummm, mejor no. ¿Qué hora es?
-Faltan 3 horas- El sol les calentaba el cuerpo como un licor caro. Cerca de ellos, unos pájaros danzaban peleando por una presa que no alcanzaban a ver.
-¿Y si cogemos el primer autobús que salga de la estación?
-No me gusta huir.
-Bueno, no sería huir, más bien escapar. Puede que lleguemos a un bonito rincón sin mujeres culonas, hipotecas, ni Bobbys o Maxs.
-¿Sigues hablando con Paula?
-No.
-Bien, era una zorra.
-Si, eso es lo que más me gustaba de ella.
-¿Entonces cual era el problema?
-Que ella sabía que me gustaba eso. ¿Y tú?
-Nada, más de 6 meses sin contacto humano.
-Hace un día estupendo.
-Lo que decías antes...
-¿Si?
-¿Tienes al menos pasta para coger ese autobús?
-Si, y una maleta vieja en alguna parte del garaje.
-No habrá mucho que meter dentro.
-Marten se va a poner algo peligroso.
-Estaremos muy muy lejos...
-Bajo el sol...
-Y con una muchacha bonita en cada brazo...
- Y una copa en la mano.
Se levantaron y caminaron lentamente calle abajo. Los pajaros habían
dejado de pelear y ahora navegaban tranquilamente en el viento, eran
ridículos, con sus cuerpos rechonchos y torpes y sus ojos negros tan
vacíos y estúpidos, pese a todo llegaban más cerca del cielo que
nosotros.
DE BELLON