Estaba dándole y dándole, miré el reloj de refilón sin poder entender que ponía en aquella esfera. Sentía correr gotas espesas y saladas por mi espalda, por la cara, apelmazando el pelo. Ella ponía todas sus energías y trucos en ello: gemidos gatunos, convulsiones dignas de un epiléptico, insultos, pero nada, yo sabía que no podría correrme. Me aparté a un lado con un suspiro repleto de cansancio y clavé la mirada en todos los puntos oscuros de la pared. De la calle ascendía un murmullo de autobuses repletos. Ella echó la cabeza sobre mi pecho, su pelo me rozaba la nariz de una manera molesta que me hacía poner muecas de cine mudo. Al poco, un leve ronquido salio de aquella boca sin ningún rastro ya de pintalabios. Miré el techo, mi poya fea y furiosa también, se negaba a aceptar la derrota.

Cogí una de sus tetas dormidas. Que curioso, la primera vez que conseguías coger una la incertidumbre burbujeaba como un refresco recién abierto. Era algo tan nuevo y que uno había llegado a desear tanto que el corazón se salía por la boca ante la inminencia de la victoria. Ahora todos los pasos estaban medidos, de aquí a aquí en tanto tiempo, el punto A-B-C hasta el D sin retrasos. Ya no había emoción, la práctica la había matado. Y no había que ser un gran conquistador, solamente aprender rápido.Un click se activaba, el mecanismo rodaba y daba una vuelta completa hasta quedar de nuevo en el mismo sitio, así tantas veces como uno pudiera conseguir. El hábito mataba el deseo, la alegría, el miedo...vivir era un hábito muy preocupante
.
¿Me habría equivocado en algo? Tal vez el sexo no era aquello que vendían en las revistas y las películas, tal vez sólo era otra cosa terriblemente sobrevalorada en la que dejar el tiempo, el dinero y las esperanzas. Sexo por cualquier parte, hasta en anuncios de ropa de bebe, lo impregnaba todo y por culpa de eso nos habíamos acostumbrado a él. Ya no había magia cuando tu mano cogía un pecho, ahora había tal vez una sensación de victoria algo diluida, luego tal vez ni eso, puede que sólo quedara carne contra carne como en una despensa repleta. Estaba cansado, peor aún, estaba aburrido. La publicidad e internet habían matado al Sexo ,al igual que estaban haciendo con las mujeres con sobrepeso o con la calvicie. Siempre habría animales en extinción y...

Un rumor molesto en el estómago.

Ella roncaba ya sin ningún pudor. La aparté hacia un lado con cuidado y fuí al water. Agachado junto a la taza vomité una mezcla de tallarines, vino y pastillas para la tos. Vaya, a lo mejor era eso. Me senté en la taza y comencé a masturbarme, si, ahí llegaba, podía sentirlo, tal vez otro tipo de nausea pero muy placentera. La bombilla sin manpara del techo parecía un sol en miniatura. ¿Acaso la electricidad no era cosa de brujos?