El sujetador se rompe, una de sus tetas asoma como un pájaro nervioso, un polluelo de cabeza sonrosada y coronada por un pico oscuro. Al ser levantada, la falda color turquesa muestra unas sencillas bragas blancas que apenas disimulan un culo plano, sin formas, casi de hombre. El pelo , escapando de más de dos horas de peluquería, se derrama sobre la cara y los hombros en torrentes negros. Un gemido escapa de los labios fugaces empapando las silenciosas y relucientes baldosas. Un zapato de tacón alto cae al suelo, una articulación cruje como hojas secas al ser pisadas.

De pie, apoyada la espalda contra la fría pared, siente la poya entrar violentamente dentro de ella.

Hay muy poco espacio. Nota como el aire se carga de estática y en su piel minúsculas gotas de sudor nacen a millones. En el baño contiguo alguien vomita con fuerza. El olor a tabaco y orina se mezcla con el de su perfume. Su boca se rompe como una sabana vieja y no puede evitar jadear.Es horrible pensar en una noche tras otra sumándose sin sentido hacia una cuenta final, ¿una cuenta atrás tal vez?. Al menos una copa, un polvo, una pesadilla, una pelea...marcan un minuto, como un tatuaje en un brazo, haciéndolo especial.

Ella siente como llega, dulce, vivo y furioso, una tormenta dentro de su vientre, el final, una pequeña y deliciosa muerte. En el baño contiguo, otra ácida bocanada acompaña a su orgasmo. El cuerpo tiembla, como en un estertor. Abandonada, con la mente en blanco,por un momento puede olvidar, es sólo un cuerpo que siente. La liberta de la nada.

Pero poco a poco, su mente vuelve a la rutina del ser. El instante ha pasado. Se aparta de él y usando la boca hace que eyacule; el espeso semen que se derrama por sus labios forma charcos nevados sobre el suelo.

Antes de que él diga nada, alisa la falda y se ajusta el zapato, sale del baño sin mirarle: un hombre con los pantalones bajados es siempre una imagen triste. Con un pañuelo de papel se limpia la boca mientras en el sucio espejo de los lavabos observa su pelo desordenado.

Afuera, una niebla de tabaco y música la envuelve y ahoga. Entre la confusión, siente una mano sobre su hombro, al volverse su novio le pregunta dónde ha estado, ella sonríe y le besa con ternura. Él nota un sabor extrañamente familiar en sus labios. Se abrazan y ella dice de tomar algo. Tras la barra, hay decenas de botellas con espesos líquidos en sus entrañas, un taller de alquimia moderno que se dedica a transformar el oro en plomo.