Desde el fondo del pasillo, un hombre trajeado y con una máscara de gato le miró. Detrás de él, una muchacha espiaba por debajo de sus brazos agarrada a su cintura.
En otra puerta situada justo enfrente, un hombre corpulento se asomó, su enorme barriga se adelantaba más que su propia cabeza. Una espesa capa de vello le cubría desde el pecho hasta los genitales, tan oscuros como los calcetines que llevaba, los cuales eran todo su vestuario.
Otra puerta más lejana apenas se abrió un palmo, e inmediatamente se cerró.
Los gritos resonaban espeluznantes, incansables, ahogados levemente por las débiles paredes del edificio. Escuchaban contando el tiempo entre alarido y alarido como si del trueno y el relámpago se tratara. Abajo, en el vestíbulo se organizó un gran revuelo y unos pasos apresurados empezaron a sonar por las escaleras.
Unas voces femeninas llamaron al gigantón velludo, éste tras dar una calada a su espeso puro, cerró la puerta. El hombre enmascarado y su compañera lo imitaron.
Él decidió no desentonar y volvió la seguridad ficticia de su habitación. Dentro, su amante lo miró interrogativamente. Recostada sobre la cama, fumaba lentamente. La mayoría de su ropa colgaba perfectamente doblada en una silla cercana. Únicamente llevaba puestas una camiseta interior y unas sencillas bragas, ambas eran de color negro. Entre sus muslos se mantenía torcida una copa ya vacía. Sus pezones endurecidos se marcaban perfectamente bajo la tela.
Fuertes y decididos pasos llegaron por el pasillo, se oyeron voces airadas y fuertes golpes sobre la madera de una puerta. Los gritos cesaron con el primer golpe.
Ella le acercó la copa y él la rellenó con la botella de champán, aún fría, que había sobre la mesita. El humo volvió a salir de su boca como si ella misma estuviera llena de él. Él pensó inmediatamente en la caida del Hindenburg. Si, aquellos pechos eran como dos hindenburgs gemelos, también ardían y quemaban, y podían llevar a la ruina a quien se atreviera a usarlos.
En el pasillo una puerta crujio y cedió. Algo cayó al suelo y se quebró en la habitación asediada. Indiferente a esto, una canción de amor despechado continuaba en otro de los dormitorios de aquel pasillo.
Ella le dijo que se acercara y le pasó la copa. Él dió un sorbo corto mientras intentaba discernir lo que gritaban las voces del corredor. Ella se sentó tranquilamente en el borde de la cama, le quitó el cinturón y le desabrochó los pantalones, acarició lo que había ocultó dentro y luego le bajó los calzoncillos a la vez que su boca le apresaba suavemente el glande, que se mostraba hinchado y de un fuerte color vino. Dió otro sorbo al champán, a la vez que las burbujas le corrían por la garganta ella aceleró el movimiento de su cabeza.
Las voces hablaban ahora muy rápidamente, confusas y apenas audibles. Hubo un extraño momento de silencio y luego se escucharó algo así como dos petardos. Hubo un grito y otra detonación.
Desde arriba, él podía ver su pelo castaño derramarse sobre los hombros y la espalda, formando un curioso movimiento como de marea. Metió una mano bajo su camiseta y apretó con fuerza una de sus tetas. Se imaginó montando en aquel dirigible, volando sobre campos prebélicos. Vió llamas en blanco y negro consumirlo y cayó cayó cayó cayó cayó cayó...ella le quitó la copa de la mano y una mezcla de semen y champán bajó por su garganta.
Hizo el cálculo de lo que le costaría aquel imaginario viaje en dirigible y sintió una mezcla de satisfacción y tristeza.
Muy lejos, una sirena gimió una canción de muerte.
esa es la mejor pagina me ayudo a terminar mi examen final de la universidad.... los amo a todos.
Gracias, espero que los próximos relatos te ayuden en más cosas.