Al salir del frágil bosquecillo, uno podía ver dispersos los restos fracasados de algún granjero. Tras pasar la oxidada valla que ya no protegía nada, unos muros derrumbados poblaban el extenso llano, más allá se podían adivinar los surcos abandonados de antiguos cultivos cubiertos ahora de matojos.
Andando un poco, el cielo se hacía cada vez más inmenso, ocupándolo todo, llenando la mirada con su azul vivo y sus gigantes de porcelana; en comparación, la delgada linea de tierra sobre la que caminábamos, parecía un papel miserable donde se escribían todas nuestras historias.
Un fuerte viento agitaba la hierba que cubría toda aquella soledad, creando una ilusión de vida.
Allí, justo en el centro de aquella gran nada, un oscuro edificio levantaba aún sus muros hacia el cielo, como las manos de un mendigo clamando a Dios. Junto a él, dos enormes árboles resecos, con sus ramas desnudas y grises, vigilaban la entrada.
Construido en 1934, el crematorio de Corsicana se había alimentado de cadáveres durante más de 40 años. Las almas huían del fuego por su oronda chimenea convertidas en humo, espíritus de animales claro, principalmente perros, ya que allí es a donde llevaban la los inquilinos de todas las perreras del condado.
En aquella década, los animales domésticos abandonados se podían contar por cientos; la mayoría morían de hambre o bajo la inyección del funcionario adecuado, pero algunos se organizaban en manadas salvajes y rondaban por las campiñas como una legión canina de almas en pena. Sombras a cuatro patas que vagaban bajo el sol y la luna, comiendo lo que podían y ,más temprano que tarde, uniéndose a la tierra que pisaban. Se dieron algunos casos, bastante desagradables, de gente atacada y asesinada por estas tristes manadas, hasta el punto de que se decidió la creación de una unidad especial dedicada a la caza de estos exiliados. Una vez capturados, se les sometía a un juicio rápido ( tan rápido como pudiera correr el camión veterinario aquel día ) y se les aplicaba una alta dosis de veneno, en el mejor de los casos claro,pues casi siempre era un hombre curtido y de pocos remilgos el que se encargaba de la tarea mediante la sofisticada técnica de estacazo-traumatismo craneal severo, o como decían en aquellos tiempos: “ Enviarlos al Señor con la ayuda de Bastos”. Al final del día, el suelo de la sala de “inyecciones” estaba cubierto de una patina blanda y grisácea de pelos ensangrentados e instintos perdidos. Una desagradable moqueta que era borrada de un potente manguerazo al caer la noche.
Durante todo el día, y a veces de noche si el trabajo se acumulaba, se podía oír en muchos kilómetros a la redonda el lastimero gemido de los canes presos, el golpe de la estaca y los alaridos de dolor de los sentenciados.
A lo lejos, algunas nubes se rebelaron y cambiaron sus colores, hartas del sencillo blanco se cubrieron con oscuras mortajas, anunciando que al fin y al cabo no sería un día tan perfecto.
-Míralo,¿da miedo,verdad? Dicen que aún después de abandonado, se pueden oír los ladridos de los perros...
-Tonterías, eso es lo que son, tonterías...
-Mi amigo Bob dijo que un día que venía de estar con Rose,tuvo que quedarse aquí a pasar la noche. Decía que nunca había pasado tanto miedo...
-¿Qué demonios hacía Bob por aquí a esas horas?
-No sé...
-Yo creo que sí, como siga rondando a Rose y se entere David, vamos a tener que comprar una corona de flores.
-No digas eso, Billy no es así, es un chico sensible...
-¿Eso que significa? ¿qué no le gusta follar?
-¡Que bruto eres! tú no lo comprendes
-Vale, yo sé que no toco la guitarra como él, ni canto con esa voz de pajarito muerto que tanto os pone, pero viendo las tetas de Rose y esa boquita de putilla barata que le pone...y sobretodo el bulto que se le pone en el pantalón cuando se abrazan...
-Que desagradable eres.
-Se sumar y se mirar los hechos...
-No me gusta que hables así...que te fijes tanto en su...
-¿En qué?
-¡En su entrepierna!...me pone celoso.
-Jajajaja...vamos, Lou, no me salgas con celos. Soy un maldito cabrón de 31 años que ha venido andando durante 6 kilómetros entre zarzas y tierra seca para poder estar a solas contigo, con este hermoso chico rubio de 23 años...¡que Bob se joda a su guitarra con su voz de pajarito!
-Jijiji, me encanta cuando te pones en plan Mussolini, a agitar tanto esos fuertes brazos y dar voces.
-Si,si, a tomar porculo todos JA JA JA....
-Eres tan grande, Leonard, tan GRANDE...
-¿Grande? espera que veras algo realmente grande.
-No, espera, aquí no, vamos mejor a entrar en el edificio, me da miedo que nos vean.
-A todos, que los jodan a todos- sus enormes brazos trazan un círculo en el cielo, pero pese a los gritos se encamina a guarecerse bajo los negros ladrillos del crematorio. En el interior flotan minúsculas partículas de polvo, creando danzas extrañas bajo los débiles rayos de luz que entran por las grietas del techo y los muros.- Esto es mas pequeño de lo que pensaba.
-Si, sólo es este sala, las perreras y el horno, y poco más, tal vez algún cuarto de escobas.
-Vaya, te lo conoces bien, ¿has traído a mucha gente a joder aquí,no?
-NO...jugaba de pequeño a veces, pasábamos un miedo terrible. Sabes que yo no sé mucho de estos temas, es difícil ser lo que uno es cuando aún ejecutan niños y subnormales en la silla eléctrica en tu mismo estado. Tú no lo entiendes muy bien, vienes de sitios mejores.
-Niños, bobos, maricones, como perros y gatos. En todos lados hay quien levantará una perrera y quien se encargará de dar estacazos...pero fíjate,la perrera está abandonada y hace tiempo que el que mataba está muerto, y bien muerto...¿y esas escaleras?
-Son las que bajan al horno, allí tiraban a los perros por esa trampilla- señaló un oxidado marco de hierro que había hecho de Taigeto particular- y caían a la sala del horno donde un tipo los iba metiendo con una pala dentro para que ardieran. Dicen que el ritmo de trabajo era tan grande que muchas veces los perros estaban medio vivos cuando caían a las llamas..
-Una historia muy romántica, si señor.
Sobre el resquebrajado techo de uralita sonó un repiqueteo, como si cientos mujeres de tacones altos desfilaran.
-Mierda, está lloviendo.
-Y este techo no ayuda de nada, está todo roto.
-Vamos a bajar...
-¡No!
-Lou, joder, no me seas niño. Allí abajo te vas a encontrar algo que te va a dar miedo de verdad...y no será un perro fantasma- rió con malicia, mientras se agarraba el bulto creciente de su pantalón.
-...b-b-bien, vamos- Los escalones crujieron bajo sus pies, diminutos trozos de ladrillo cayeron. Abajo un fuerte olor a pelo quemado flotaba en el aire estancado. El repiqueteo del techo aumentó- esto está muy oscuro, no me gusta...y huele fatal.
-No sé, a mi todo esto casi que me pone, tiene que ser cosa de las feromonas y esas cosas, por tanto bicho que ha estado aquí, eso lo noto, siempre he sido muy...animal. Seguro que todos esos bichejos pensaban “joder, me van a matar, ojalá pudiera follar una vez más, ¡oh señor, sálvame!, quiero seguir oliendo culos y cagándome en el jardín del sr. McDermontt”
-Eso seguro que si -soltó una risita.
-Los gatos seguro que aguantaban el tipo. Ellos pasan de todo, tienen el carácter tan afilado como las uñas. Los perros en cambio son idiotas, los subnormales del reino animal. Supongo que por eso dicen que las tías son como gatas y los tíos perros.
-¿Y nosotros que somos?
-Leonard y Lou, aficionados a los ojetes. Los perros se pueden lamer ellos solitos pero nosotros somos un equipo. No importa lo que dijera mi padre ni todos esos malditos vídeos porno que tiene el solitario de Jim, si quieres que un tipo te arregle la tele, llamas a un técnico de televisores, no a un fontanero ni a un camarero ni nada de eso. Si quieres que un hombre disfrute, ¿qué mejor que otro hombre? todo lo demás es pura basura.
-No es cosa de elegir, Leo, no es tan fácil.
-Ya, nosotros tenemos la ventaja de tener la tele y el teléfono del técnico. Es verdad que las tetas parecen algo bueno, suaves,blandas y todo eso, pero, maldita sea, ¡los coños! ¿cómo alguien en su sano juicio puede meterla ahí? hay que estar loco, más todavía para...aghh, no quiero ni pensarlo.
-A cada uno le gusta lo que le gusta. O lo que le ha tocado que le guste.
-Vale, pero a mi me gusta más esto, supongo que es una cuestión de diseño- se cogió el paquete con crudeza.
-Déjame verla, Leo, me apetece tanto verla...
-Hoy en su función especial, el Gran JimboJoe, nació puro chicos y chicos, y ha viajado más que la maleta de un vagabundo, ha estado en algunos antros, es cierto, pero ahora sólo actúa en los sitios más distinguidos, y aquííííí lo tienen...¡TACHÁN!- si algún caminante despistado hubiera tenido la oportunidad de echar un vistazo a aquel cuarto, se hubiera preguntado “¿qué demonios irá a hacer ese tipo con una manguera?”.
-Dios Jesús Bendito...es tan...tan...
-Es lo que es, ni más ni menos, o debería decir ni más ni más.
-Q-q-quiero...quiero...déjame que te la chupe, Leo.
-Mi pequeño angelito de bucles dorados, claro que...- Un maullido feroz sonó a sus espaldas. Toda la espalda se le tensó como un mecanismo de muelles- ¿Cojones, qué coño ha sido eso?- algunas gemas pálidas brillaban en la oscuridad.
-Oh, oh, son o-o-ojos, Leo- Del interior del horno ( o al menos donde debería estar, pues todo era total oscuridad en torno a ellos ) empezaron a oírse lastimosos quejidos perrunos. A leo la sangre se le había ido de las venas, su aparato colgaba como un mástil roto. El plañir dio paso a una estridente sinfonía de ladridos furiosos, de gruñidos violentos. el sonido de patas rascando el suelo se hizo ensordecedor. debajo de todo aquel pandemónium sonoro, el ruido del metal de una pala chocando contra el suelo. Lou estaba bajo la escasa luz que las tormentosas nubes dejaban libre. Su cara pálida estaba deformada por un mueca de horror e incredulidad. En aquel sótano mínimo, cientos de pequeñas luces amarillentas crearon una constelación fantasmal y pudieron adivinar muchas siluetas en la oscuridad, cada vez más y cada vez más cercanas a ellos.
Un trueno retumbó en el cielo de manera abrumadora, como una sentencia divina, y una luz blanca iluminó todo bajo el cielo. Allí, en el sótano, el fogonazo mostró una habitación vacía. El coro de ladridos y maullidos había cesado. Afuera, la tormenta amainaba y ya podían oírse los cantos de los pájaros más atrevidos.
-¿QUÉ HA SIDO ESO,LEO, DIOS, QUÉ COÑO HA SIDO ESO? ESTOY ACOJONADO, MIERDA, CREO QUE ME HE MEADO ENCIMA,NO ME PUEDO CREER QUÉ COÑO HA SIDO ESO,ERA COMO UNA MALDITA MANADA DE HIJOSDEPUTA DEL INFIERNO,LEO, UN POCO MÁS Y ME DA UN INFARTO, ERA...ERA...COMO SI UN MONTÓN DE BICHOS ESTUVIERAN AHÍ MIRANDO Y...¿QUÉ COJONES HA PASADO? CREO QUE ME ESTOY MURIENDO, NO LO PUEDO CREER, A PARTIR DE HOY IRÉ TODOS LOS PUÑETEROS DOMINGOS A LA PUÑETERA IGLESIA,SALGAMOS DE AQUÍ, JESUS MARÍA Y JOSÉ CREO QUE ME VA A ESTALLAR EL CORAZÓN...
-Vaya, Lou, si, ha sido demencial, pero qué quieres que te diga...yo todavía tengo ganas de joderte.
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