-Este sitio no me gusta nada, una mujer de mi clase no está acostumbrada a estos tugurios.
-Señora Fanfard...
-Por favor, ya le dije que nada de nombres ni apellidos.
-....si, disculpe. Lo que decía...exactamente esa es la intención, que nadie imagine que usted pueda estar aquí. En estas habitaciones hay de todo y poco bueno, la mayoría son camas de un polvo rápido, por eso la pantomima de abajo- dijo sentándose en la única silla del pequeño dormitorio.
-Si, lo comprendo, pero tenga cuidado, otro grosero detalle de esos...
-No se preocupe, no se repetirá. Pero ha funcionado, seguro, el hombre de recepción no ha visto nada más que a otra pareja que ha subido a...
-No se confunda, ese hombre lo único que ha visto ha sido esto – y señaló sus pechos – apenas ha mirado el dinero cuando usted lo ha dejado.
-Bueno, es algo comprensible.
-Claro que sí, unas tetas como estas cuestan más que este cochino edificio. Todo este cuerpo vale más que las joyas que ve usted en muchas tiendas. He invertido en múltiples cosas, y nunca me he equivocado.
-No lo dudo.
-Bueno, ya le he dado toda la información que necesitaba ,¿cierto?.- Él abrió la carpeta negra que ella le había dado hace una semana y ojeó algunas de las páginas.
-Si, sus rutas, costumbres, dónde tiene las próximas actuaciones, todo al detalle, incluso cosas que, aunque no hacían ninguna falta, ha sido divertido leer- río entre dientes.
-No se ría, no es cosa de broma- dijo ella. Él levantó la vista y la miró, era una mujer esbelta, que aparentaba unos 35 años aunque ya pasaba bastante de largo de los cuarenta. Llevaba un sencillo vestido marrón, que pese a intentar transmitir pobreza como él le había pedido, se notaba inmediatamente que era de muy buena factura.- Ese hombre del que usted se burla va a morir, ese hombre me lo ha dado todo durante 15 años, mucho más de lo que la mayoría de las personas llegan a disfrutar.
-Lo siento, señora, con estas cosas siempre es mejor reírse cuando pueda, nunca se sabe si mañana será a uno mismo al que señalen con un dedo de plomo.
-Al menos contrólese delante mía.
-Pero tengo curiosidad, por una cosa señora Fanf...señora...
-¿ Si ?
-Veo que respeta a este hombre, a su marido, y dice que se lo ha dado todo durante todo ese tiempo, entonces por qué quiere...
-Porque me lo ha dado todo, pero yo quiero más.
Un pesado silencio cayó sobre ellos. Era una buena razón, él había oído otras mucho peores. Sacó un cigarillo del bolsillo superior de su chaqueta gris. Nunca encontraba el mechero. Bien mirado, que alguien pagara un millón por liquidarte era un acto de amor, la mayoría de la gente lo hacía gratis continuamente.
En la habitación contigua un lamento creció hasta convertirse en un grito -¿ Qué demonios es eso ? - uno tras otro los aullidos se sucedieron- Lo que menos necesitamos ahora es vernos metidos en algún follón. ¡Coja su abrigo, vamos!- ella obedeció con fría rapidez.
Mientras bajaban las escaleras, sus tacones dejaban leves huellas en la sucia moqueta roja. En el pasillo que acaban de abandonar, se abrieron varias puertas. En recepción, un hombre mayor hablaba a voces con el recepcionista y con dos muchachos de aspecto violento y que parecían hijos del primero. Cogieron algo de debajo del mostrador y se dispusieron a subir.
Afuera, localizaron rápidamente un taxi - Dentro de tres días, señora. Tres días- ella se montó y él caminó en la dirección contraria.
Lejos de ellos, un sirena ululó como un búho mecánico al que se le hubiera roto algo dentro.

