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La Coctelera

Categoría: El Vampiro

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El Vampiro - quinta parte

Al torcer la esquina, pudo ver a los lejos el perfil del puente. Se elevaba muy alto sobre el caudaloso río Aunque hubiera sequía, siempre llenaba la región con el canto del agua burbujeando y corriendo por entre las piedras.

Llegó y aparcó los mas cerca que pudo. No había nadie hoy, hacía mal día y unos espesos nubarrones negros empezaban a empaparlo todo con una lluvia fina y molesta.

El cuerpo pesaba poco. Lo levantó con cuidado, no quería que la estaca se quebrara, y lo llevó hasta la mitad del puente, hacia la parte más profunda del río. Lo alzó sobre el pasamanos y lo dejó caer. Un lejano zambullido fue la única ceremonia fúnebre.

Tom se estremeció, creía haber oído algo mientras el fardo se precipitaba. Algo así, como...una risa.

Conduciendo de camino a casa, intentó pensar. Había algo, cosas que le inquietaban y que no podía concretar. Llegó extenuado y se tiró en el sofá. Durmió hasta que el claxon de un coche en la calle le despertó. Era sábado por la noche, la gente quería celebrar que hasta el lunes, sus trabajos no los estaban matando.
El Vampiro había muerto, la casa estaba tranquila, aún así él no podía decir lo mismo. Algo se esfumaba entre sus dedos. Empezó a recordar cosas y a preguntarse otras “¿por qué la insistencia en ir a ver al Dr. Green?, ¿o la idea de ver al tío Jonás si hacía más de un año que no lo visitaban?” y una que le paralizó completamente “ ¿por qué Bob le había preguntado por su padre?” después de tantos meses podría haber preguntado cualquier cosa, pero preguntó esa. “¿Y el niño?, ¿por qué no había respondido a su saludo, que miraba en silencio desde la oscuridad?

Tom creyó comprender. Subió lentamente los peldaños hasta el baño y se desvistió fatigosamente. Se sintió sólo, muy viejo y cansado. Entró en la ducha. El agua corrio helada por su dolorido cuerpo.

Quedaban vampiros, horribles monstruos fingiendo ser algo que no eran, robando, interpretando, y solamente él podía verlos. El resto de la gente no se daba cuenta, vivía con ellos, hacían el amor con ellos en camas compartidas, comían juntos al salir del trabajo, nadie notaba nada.
Ahora sabía que su tarea no había hecho más que comenzar.

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El Vampiro - cuarta parte

Esperó más de media hora en el salón. Fumando en la oscuridad y repasando cada movimiento. Luego cuando oyó los grotescos sonidos que aquello hacía cuando dormía, se persignó y subió.

- Despierta, despierta...
- ¿ Qué pasa,hijo?
- Sé lo que eres, lo sé desde hace tiempo y no puedo tolerar que hagas...el horror que sé que hay en tu mente...
- Pero hijo...
- No, no, he leído de cómo los demonios intentáis engañar y mentir siempre. No voy a escucharte, tu voz es un veneno, la robaste y ahora haces que me duela oirla...ya he dibujado todas las señales necesarias alrededor de tu cama mientras dormías; no puedes hacerme nada.
- Hijo, por favor, no entiendo...
- ¡CÁLLATE!, ME HAS ROBADO A MI PADRE, MALDITO MONSTRUO...TÚ... VAMPIRO- las lágrimas brotaron desesperadas. Empezó a hipar. El corazón le latía enamorado del terror - ¡ME LO HAS ROBADO!...

Apretó la boca del vampiro para que no gritara, éste se debatio para soltarse, pero gracias a los signos que había trazado, apenas tenía fuerzas para zafarse de sus fuertes brazos, como si en vez de un demonio sólo fuera un viejo. Tom cogió una de las estacas que había colocado sobre la cama. Cuando el vampiro la vio, comprendió lo que pasaba y unas gruesas lágrimas aparecieron bajo los arrugados párpados. Sollozó bajo la pesada mano. Tom dudó, aquello lloraba igual que hacía su padre en el entierro de mamá.
Pero sabía que tenía que ser firme y sujetó la estaca con fuerza. La vara entró en el pecho sin problemas. El cuerpo de la cosa se convulsionó un poco. Los ojos azules quedaron fijos en el techo.
El último latido que resonó en aquel pecho roto, llevaba astillas dentro.

Tom llevó a cabo pacientemente cada uno de los pasos siguientes: tapar todos los espejos de la casa, cortar los talones con el cuchillo de plata, rellenar la boca de sal, envolver el cuerpo...etc. La noche clareaba, el sol recorría el cielo entre nubes difusas y de un gris creciente.
Ya sólo quedaba llevar el cadáver en el maletero a todos los lugares posibles antes de que anocheciera, para confundir al espíritu. Luego pondría rumbo a Oldcox.

3

El Vampiro - tercera parte

Arrancó la barra de la cortina de su cuarto y se la llevo al trabajo. Era de buena madera. La cortó en tres partes iguales, cada una la sumergió en la pilastra de agua bendita de la iglesia.
Atento a que nadie viera sus movimientos, se escondía en el cuarto de calderas de la biblioteca. Allí afiló las tres estacas. Allí también fundió la cubertería de plata que su madre le había legado, y fabricó una daga como buenamente pudo. En aquel cuarto escondido del mundo leyó por última vez la carta antes de quemarla.

Se tomó los 5 días de vacaciones que le debían. Durmió un día entero. Se levantó tarde listo para almorzar con aquello. El ser le habló de lo mal que lo veía, “¿No duermes, hijo?, tienes mala cara” y le contó un montón de historias sin importancia como las que su auténtico padre le contaba. Era aterrador ver como el vampiro había aprendido cada pequeño detalle de su padre. Apenas soportaba su mirada. Pero reunió fuerzas e incluso vio la tele con él.
“ Este sábado, como te has cogido libres estos días, podríamos ir a ver a tu tío Jonás. El pobre está tan aburrido que se ha puesto a coleccionar todo lo que traen los periódicos, tiene la casa que parece un kiosco”, el ser río imitando la risa franca y sonora de su padre. Tom empezó a sudar de miedo e inventó una excusa rápida para salir de allí.

Dio una vuelta y fue a tomar algo. Hacía mucho que no tomaba una cerveza, que no hablaba con sus amigos. Pero sabía que aún no era el momento, que antes tenía que acabar lo que le dictaba el corazón. Así que condujo a un bar en el que no conocía a nadie.

A la segunda cerveza sin alcohol ( no quería emborracharse y olvidar algo importante ) notó que una mano le palmeaba la espalda.

-Joder,Tom ,vaya cara me traes, pareces un divorciado...
-...Hola Bob.
-¿Dónde te has metido todos estos meses? Te llame un par de veces pero tu padre me dijo lo del cambio de turno, así que pensé en pasarme una noche por allí, pero ¡¡que coño!!, a esas horas lo que uno quiere es dormir.
-Claro.
-Seguro que te has buscado alguna golfa, ¿verdad?
-Si.
-Ja ja ja, eso explica esas ojeras. No se puede trabajar de noche y luego querer darle al meneo todo el día.
-Lo siento, Bob, tengo que irme. Tengo que ver como esta mi padre.
-Si, tu padre, seguro, je je je...¿cómo está el viejo? Espero que bien. Anda Romeo, nos vemos.

Era tarde ya, el vampiro se habría acostado hace una hora o más. Condujo a casa sin superar los límites de velocidad, pero al llegar vio encendida aún la luz del comedor. Decidió esperar sentado en el jardín, escondido, hasta que la luz se apagó. Al poco se encendió la del baño. Luego se apagó y brilló la del cuarto de sus padres. Luego oscuridad en toda la casa.
Sacó del maletero todas las herramientas y entró con suavidad. Vio un niño que lo observaba desde la casa de al lado. Lo saludó con la mano, pero el niño se escondió.

3

El Vampiro - segunda parte

Solicitó cambiar su turno para coincidir lo menos posible con aquel ser. Ahora trabajaba de noche en la biblioteca, lo que aprovechó para estar solo y pensar en lo que estaba ocurriendo.

Notaba que aquel ser se hacía más fuerte cada día. Pronto pasaría algo terrible. Tom ya no comía en casa por miedo a que el vampiro hiciera algo con su comida. Tantos bocadillos le empezaron a dar ardores. Y estaba cada día más nervioso, dormía menos.
El demonio le habló, en una de las últimas cenas que compartieron, sobre sus ardores (que ya sólo podía soportar mascando continuamente Almax).
“Deberías ir a ver al doctor Green ,ya sabes que es un buen hombre y muy bueno en su trabajo. Te cuida desde que eres un niño, ¿ahora te da vergüenza ir a verle? Vamos, hombre, si te descapuyó”.

Aquel consejo le asustó. Cualquier consejo del vampiro era una trampa segura. Incluso dejó los Almax como precaución, porque recordó que fue aquel ser el que se las había recomendado. El dolor se le iba agravando pero él resistía.

Un día encontró lo que buscaba. Un libro de tapas negras con ilustraciones medievales. Hablaba de muchas cosas, pero Tom releyó una y otra vez el mismo pasaje durante un mes.

“ Ritual de Limpieza Eslavo”

En él detallaba minuciosamente como acabar con los demonio y seres similares. Aprendió cada paso, pero no estaba seguro, ¿y si faltaba algo? ¿y si el vampiro escapaba?. Aquella noche no durmió nada y volvió a mearse encima pensando que cosas horribles podría hacer aquello para vengarse, lo que haría si notaba que él sabía que aquello era un cosa y no su padre. Decidió buscar un poco más.
Sus antiguos compañeros lo miraban extrañados cuando lo veían comprar en el supermercado, incluso algunos ya ni lo saludaban. No podían comprender lo que estaba pasando, y él no podía explicárselo.

Casi siete meses después de aquella mañana, ya había leído y buscado todo lo necesario. Ese domingo tomó la comunión y escribió una larga carta donde reunía todos los pasos necesarios, el orden, la duración, etc...y la escondió en su taquilla. Durante las dos semanas siguientes se pasó cada noche estudiándola.

2

El Vampiro - primera parte

El coche circulaba bajo un sol cansado, agónico. Tom encendió un cigarrillo distraidamente mientras pensaba en el cadáver del maletero. Lo imaginó en la oscuridad, con aquella fina vara de madera atravesándole el pecho, aquella vara que había afilado durante tres días hasta convertirla en una aguja perfecta y mortal. Imaginó que el cadáver de pelo cano abría los ojos y un sudor frío le nació en la espalda. El cigarrillo le tembló en las manos.

“Aún queda un hora” pensó. Demasiado justo para llegar al puente de OldCox y arrojar la siniestra carga de su coche. “Agua que Corre”, era necesaria para darle un final a este curioso entierro. A esas horas todavía habría gente por allí, pero eso no importaba, sólo importaba acabar lo que llevaba más de un año fraguando en su aterrada cabeza.

Hace más de 9 meses, un 10 de Julio, Tom bajó a la primera planta de su casa, abajo el agua estaba mucho más fría. Una buena ducha helada le despejaría. Empujo la puerta, “Estoy yo, Tom” oyó al otro lado, su padre entraba al servicio con una regularidad de reloj suizo. Ahora debía estar afeitándose. Sin razón alguna, el tono de voz le produjo una nausea. Empujó la puerta y vio a su padre; la mitad de la cara llena de espuma de afeitar, el pelo casi tan blanco como la propia espuma. El delgado brazo arrastraba lentamente la cuchilla. Unos ojos azules y gastados le miraron. “¿Qué quieres, Tom?”.
Cerró la puerta y subió al baño de arriba. Como un autómata subió cada peldaño, se desvistió y entró en la ducha. Mientras el agua caía sobre su creciente coronilla, tembló de manera horrible.

“No es tu padre” - pensó - "Es su cuerpo, su pelo, su voz, todo él... pero no es él”. Como si te pusieras el traje de otro y te sentara estupendamente, pero al fin y al cabo, no era tu traje.

A las dos semanas, Tom estaba seguro de que aquello no era su padre. Pequeños detalles se iban acumulando. Miradas insignificantes. Palabras sin sentido o frases inacabadas. Aquello comía con él, veía la tele con él. Tom aguantaba este terror creciente y lo excusaba bajo disculpas de trabajo y estrés.

Ahora todas las noches se quedaba hasta tarde escuchando como aquello dormía. Su respiración era insoportable de oír. Y de vez en cuando sonidos monstruosos surgían de aquella garganta. Tom estaba seguro de que su padre ya no estaba por ningún rincón de la casa. Sobre aquella cama, dormía ahora mismo un...VAMPIRO
La primera vez que lo pensó, se meó en la cama.