Al torcer la esquina, pudo ver a los lejos el perfil del puente. Se elevaba muy alto sobre el caudaloso río Aunque hubiera sequía, siempre llenaba la región con el canto del agua burbujeando y corriendo por entre las piedras.
Llegó y aparcó los mas cerca que pudo. No había nadie hoy, hacía mal día y unos espesos nubarrones negros empezaban a empaparlo todo con una lluvia fina y molesta.
El cuerpo pesaba poco. Lo levantó con cuidado, no quería que la estaca se quebrara, y lo llevó hasta la mitad del puente, hacia la parte más profunda del río. Lo alzó sobre el pasamanos y lo dejó caer. Un lejano zambullido fue la única ceremonia fúnebre.
Tom se estremeció, creía haber oído algo mientras el fardo se precipitaba. Algo así, como...una risa.
Conduciendo de camino a casa, intentó pensar. Había algo, cosas que le inquietaban y que no podía concretar. Llegó extenuado y se tiró en el sofá. Durmió hasta que el claxon de un coche en la calle le despertó. Era sábado por la noche, la gente quería celebrar que hasta el lunes, sus trabajos no los estaban matando.
El Vampiro había muerto, la casa estaba tranquila, aún así él no podía decir lo mismo. Algo se esfumaba entre sus dedos. Empezó a recordar cosas y a preguntarse otras “¿por qué la insistencia en ir a ver al Dr. Green?, ¿o la idea de ver al tío Jonás si hacía más de un año que no lo visitaban?” y una que le paralizó completamente “ ¿por qué Bob le había preguntado por su padre?” después de tantos meses podría haber preguntado cualquier cosa, pero preguntó esa. “¿Y el niño?, ¿por qué no había respondido a su saludo, que miraba en silencio desde la oscuridad?
Tom creyó comprender. Subió lentamente los peldaños hasta el baño y se desvistió fatigosamente. Se sintió sólo, muy viejo y cansado. Entró en la ducha. El agua corrio helada por su dolorido cuerpo.
Quedaban vampiros, horribles monstruos fingiendo ser algo que no eran, robando, interpretando, y solamente él podía verlos. El resto de la gente no se daba cuenta, vivía con ellos, hacían el amor con ellos en camas compartidas, comían juntos al salir del trabajo, nadie notaba nada.
Ahora sabía que su tarea no había hecho más que comenzar.
